Decisiones

August 29th, 2008 by lasecuencia

Hay veces en la vida en las que una persona debe tomar decisiones siguiendo la dirección que marca su instinto, por norma general nunca se sabe si la decisión fue acertada o no hasta que pasa mucho tiempo, el suficiente como para echar la vista atrás y evaluar las consecuencias de dicha decisión. En ese momento decidí que necesitaba compartir mi secreto con alguien y que la persona elegida sería el profesor. No ha pasado mucho tiempo desde aquel día, pero si el suficiente como para evaluar las consecuencias de mi decisión, tanto para mí como para él y sinceramente, pienso que no debí involucrar a una persona así en un asunto como este. Lo siento mucho profesor.

Después de varias horas de conversación mi mente, que parecía haberme dado un respiro, volvió a enroscarse sobre sí misma. No podía centrarme en las sabias palabras del profesar, tan solo podía sentir como el maletín que tenía entre las manos parecía temblar, era tal mi punto de abstracción que el profesor se dio cuenta y me pregunto:

-¿Qué pasa chico? ¿Qué es lo que te preocupa? Y no me digas que nada porque seré viejo pero no soy tonto, es más, me juego una botella de mi mejor licor a que eso que tanto te preocupa y que ha convertido nuestra agradable conversación en un monólogo absurdo por mi parte, tiene que ver con ese maletín que abrazas con tanta fuerza y que por cierto, no has soltado desde que entraste por la puerta.

Solo por la agradable conversación que me brindó le debía una explicación, así que me levanté de la silla y le conté todo lo que sabía, desde que empecé el proyecto hasta los documentos que robé del archivo. Me costó empezar a hablar pero una vez comencé, no había manera de parar, en lugar de hablar parecía que estuviera vomitando las palabras, era un gran desahogo para mi poder compartirlo con alguien, pero la ansiedad hacía que mis palabras se atropellaran unas a otras y me veía obligado a repetir la misma frase varias veces hasta poder pronunciar algo medianamente inteligible. Cuando por fin acabé con todo me senté de nuevo en mi sitio y deje escapar un tremendo suspiro, el cual arrancó un escandaloso e inesperado aplauso del profesor:

-Debo felicitarte amigo mío, realmente lo que me cuentas es muy interesante pero, la forma en la que lo has contado me indica que para ti ha sido algo más. Hay veces en las que ciertos asuntos te absorben tanto el tiempo que tu vida comienza a girar en torno a ellos ¿me equivoco?

-Se que no dice mucho a mi favor el hecho de haberme centrado tanto en esa maldita secuencia hasta el punto de haber perdido el contacto con la realidad pero, en ningún momento he intentado ocultar a nadie lo que soy, sé que estoy a punto de descubrir algo que nadie ha logrado descubrir antes y no pararé hasta conseguirlo, aunque también soy consciente que es probable que vuelva a perder el control de mis actos. Por eso mismo le he contado todo esto a usted, primero porque necesito sus conocimientos y segundo, porque sé que usted no dejará que abandone la realidad de nuevo. No le conozco apenas pero, la situación me obliga a confiar en usted ¿Puedo contar con usted?- El profesor permaneció callado durante unos segundos, que para mí fueron eternos, hasta que a la vez que me miraba fijamente contestó: -Amigo mío, desde que te vi tumbado en la puerta del museo estaba dispuesto a ayudarte, quizá sea porque me recuerdas mucho a mí época juvenil pero, definitivamente puedes contar conmigo.

Posted in Capítulo 2 | No Comments »

El profesor

August 24th, 2008 by lasecuencia

No podía pensar en otra cosa, estaba absorto en mi mundo monotemático y aunque era consciente de ello, no me importaba. Una extraña sensación recorría mi cuerpo, aceleraba mi pulso y dirigía mis pasos, los cuales me llevaron a la puerta del museo arqueológico de la ciudad. No sé a qué hora llegué al museo pero recuerdo que fue mucho antes de la hora de apertura, me senté en las escaleras de la entrada y estuve esperando alrededor de una hora, lo cierto es que no había dormido absolutamente nada el poco tiempo que estuve en casa, estaba ansioso por llegar al museo pero una vez estuve allí una sobredosis de paz inundó mi cuerpo hasta que finalmente, me quedé dormido abrazado a mi maletín. No sé cuánto tiempo pasó hasta que una amable voz me despertó:

- Disculpe caballero, aquí no se puede dormir, esta es la puerta de entrada y estoy a punto de abrir.- Abrí los ojos como pude y entre bostezos contesté.
- Lo siento, estaba esperando a que abrieran el museo y me he quedado dormido.
- Vaya, esas ansias por aprender me recuerdan a mi juventud, aunque reconozco que nunca llegué a dormir a la intemperie para entrar a ningún lugar, de hecho te recuerdo que ahí dentro solo hay restos del pasado y que seguirán aquí sin cambiar durante muchísimos más años, no te hubiera hecho falta madrugar tanto.
- El pasado no tiene prisa por ser descubierto pero nosotros si tenemos prisa por descubrir el pasado.
- Es muy pronto y esa frase bien se merece un café con licor mágico.
- ¿Licor mágico?
- Entra conmigo y te lo enseñaré.

Esa fue la primera vez que vi al profesor, una persona serena y tranquila que parecía tener respuestas a todas las preguntas del mundo, en ese momento era lo que necesitaba, no solo por sus conocimientos históricos, sino también por su filosofía de vida, calmada y sosegada como todo lo que le rodeaba. En mi opinión, es inevitable ser así cuando tu vida gira en torno a recuerdos del pasado que evitan que puedas fijar la vista en el futuro. Se podría decir que el profesor fue un regalo del destino, pero prefiero pensar que nuestro encuentro fue fruto de la casualidad. Entramos en una habitación donde me sirvió ese café con licor mágico, que no era más que una bebida alcohólica que no sabía reconocer pero que me hizo temblar en un solo trago. Hablamos durante largo y tendido sobre temas diversos, aunque realmente fue el profesor el que más cosas dijo. Comentó que no iba mucha gente al museo y habló sobre la importancia de conocer el pasado, a pesar de que era la primera vez que hablaba con él sus palabras me transmitían tranquilidad, era como si lo conociera desde siempre, tanto a él como a su mensaje.

Posted in Capítulo 2 | No Comments »

Un poco de luz

August 19th, 2008 by lasecuencia

Subí corriendo al despacho dispuesto a revolverlo todo hasta encontrar la dichosa libreta pero sorprendentemente, cuando llegué pude ver como la libreta estaba encima de su mesa a la vista de cualquiera, en esos momentos me pareció una señal que me animó a continuar con la primera acción delictiva de mi vida, aunque ahora empiezo a pensar que esa libreta no estaba allí por casualidad. Cogí la libreta y volví corriendo al archivo, allí me puse a ojearla y pude encontrar hasta cinco contraseñas posibles, solo tenía tres posibilidades de error si no, se activaría la alarma, en otra ocasión hubiera empleado varias horas en un debate interno considerando lo acertado o desacertado de mis acciones pero, mi cuerpo rebosaba adrenalina y el corazón hacía horas que había sustituido a mi mente en las funciones de mando. Había sufrido mucho con esto como para vacilar ahora, así que elegí una al azar e intenté abrir la puerta, mi primera elección no fue la correcta y al introducirla en el teclado se oyó un pitido estridente indicando mi error, seguramente nadie más se percató del ruido pero yo tenía la sensación que todo el edificio se había enterado. Elegí una segunda opción preparado para volver a fallar y que todo quedara a la última carta pero afortunadamente para mí, la segunda opción abrió la puerta y con ella, todo un mundo de cajas y estanterías en las cuales esperaba encontrar algo, no sabía que estaba buscando pero, sabía que no podía detenerme.

No me costó mucho encontrar la información que buscaba, de hecho había tantas cajas etiquetadas con el nombre del proyecto que ocupaban una sola estantería. Al principio todo era muy confuso, todo eran datos sobre investigaciones anteriores y conclusiones absurdas a las que se había llegado, después de leer cerca de cincuenta hojas sobre estudios anteriores al mío y las esperpénticas conclusiones a las que se llegó entendí que hasta el momento, nadie había planteado la solución desde el mismo punto de vista que yo, reconozco que tal hecho encendió una pequeña llama de satisfacción en mi interior. Entre tanto papel inservible encontré algo que consiguió que mi rostro esbozara una pequeña sonrisa de satisfacción. Ante mi asombro pude leer informes en los cuales se indicaba que el origen de la secuencia se remontaba al antiguo Egipto, mis conocimientos de historia son francamente escasos pero había nombres que me resultaban familiares como Keops o Giza. No paraba de pasar páginas y páginas relacionadas con el tema pero lamentablemente para mis intereses, la información que allí encontraba no me decía nada, necesitaba conocer más sobre el tema para poder empezar a sacar conclusiones definitivas. Quizá lo más sensato en ese momento hubiera sido hacer copias de los informes y dejarlo todo como estaba pero no quería permanecer mucho más tiempo allí, intenté cargar con el máximo de información posible y dejar las cajas en su lugar intentando ocultar toda señal que pudiera indicar que alguien había estado husmeando por allí, después subí a mi despacho y lo guardé todo en el maletín, devolví la libreta a mi compañero y me fui a casa.

Posted in Capítulo 2 | No Comments »

¿La secuencia?

August 14th, 2008 by lasecuencia

No entendía como no me había dado cuenta antes de la solución, me sentía eufórico y avergonzado de mi mismo a la vez, había estado perdiendo el tiempo yendo por el camino contrario, esos números que tenía delante de mí realmente no eran números, eran marcas, signos que indicaban un estado, de repente toda la secuencia de números se iluminó por completo, los ceros se volvieron rojos y los unos verdes convirtiendo la mesa en la que se desperdigaban las hojas, en una lluvia de luces que invadía los pocos resquicios mentales que me quedaban y los llenaba de tranquilidad. Simplemente marcas, todavía no tenía claro a que se referían pero por fin había conseguido encontrar la lógica dentro de esa maldita secuencia ilógica. Ya tenía claro el concepto, pero para resolverlo completamente necesitaba una pieza más del puzzle, necesitaba saber a qué hacían referencia esas marcas y para ello era preciso conocer su origen, de donde habían salido esos números y para qué debía investigar sobre ellos. Comencé a hacer preguntas sobre el origen de estas marcas pero ante mi asombro no obtuve respuesta alguna, era todo información confidencial que yo al parecer, no necesitaba conocer para resolver el problema. Por mucho que expliqué la situación no conseguí ni una sola palabra de nadie, pero en mi estado nada iba a impedir que yo resolviera la secuencia.

Una noche esperé a que todos se fueran, no le extrañó a nadie el hecho de que yo me quedara solo porque ya llevaba varias semanas durmiendo en el despacho. Bajé al subsuelo del edificio y me dirigí al archivo, allí estarían los datos que necesitaba. La puerta del archivo estaba cerrada y solo se habría con una contraseña introducida en un teclado que sustituía a la cerradura, esa clave solo la tenían un número reducido de personas en el edificio y por supuesto, todas esas personas eran altos cargos que bajo ningún concepto estarían dispuestos a darme esa clave. Mientras trazaba mentalmente un plan para conseguir la contraseña, recordé a alguien que si la tenía y seguro que me la podría proporcionar, mi charlatán compañero. En una ocasión tuvo que acceder al archivo y al tener tan buena relación con el supervisor, consiguió que éste le proporcionara la contraseña para que pudiera acceder sin ningún problema a la habitación. Sabía a ciencia cierta que la memoria no era una de sus mayores virtudes y seguramente tendría la contraseña apuntada en su almacén de notas importantes, que no era otra cosa que el nombre que utilizaba para referirse a una libreta donde apuntaba absolutamente todo lo que más tarde iba a olvidar sin remedio.

Posted in Capítulo 2 | 2 Comments »

Todo comenzó

August 9th, 2008 by lasecuencia

Al parecer los dos estábamos trabajando juntos en un nuevo proyecto llamado SEC2556 pero al que vulgarmente llamábamos la secuencia, el motivo de este nombre no era otro que el del mismo cometido de nuestra labor. El proyecto consistía en intentar descifrar el patrón de una secuencia interminable de números binarios, no teníamos ninguna premisa a seguir ni ningún estudio en el que basarnos, simplemente teníamos que coger la secuencia de números e intentar sacar información coherente utilizando algoritmos de cálculo que nosotros mismos íbamos desarrollando junto a otros programas que cruzaban datos. A nivel de programación era una misión bastante sencilla, pero a nivel matemático-lógico era el mayor reto al que yo me había enfrentado nunca. Recuerdo pasar muchas noches en vela repasando una y otra vez la larga lista de números binarios intentando que, como había visto en cientos de películas, alguna parte del papel se iluminara y me mostrara la solución, pero la vida real no es ni tan fácil, ni tiene tantos efectos especiales como el cine.

Después de un mes de trabajo en el proyecto, no había conseguido absolutamente nada, no tenía un patrón, no tenía identificada ninguna secuencia significativa, ni tan solo tenía una ligera idea de por donde abordar la situación. En el ámbito personal suelo ser una persona tranquila, no me inquieto por nada porque no hay nada que me interese lo suficiente como para prestarle verdadera atención, pero en el ámbito laboral tengo un serio problema, me encantan los retos mentales y las situaciones en las que tengo que forzar mi mente al máximo pero, cuando los resultados se retrasan me pongo bastante nervioso. Nunca en mi vida había dedicado tanto tiempo a algo sin haber llegado a nada, comencé a obsesionarme con esa maldita secuencia, no podía dormir pero tampoco podía pensar, me sentía atrapado en una celda de números que no me dejaba respirar. Mi obsesión llegó a un grado en el que perdí completamente la noción del tiempo, poco a poco mi mente se fue abstrayendo del mundo. Primero comencé a olvidar en qué hora me encontraba, más tarde los días del calendario pasaron a ser un número sin sentido y finalmente, cuando todo indicaba que acabaría mis días en un psiquiátrico acompañado de una camisa de fuerza y un camillero corpulento con traje blanco, sucedió lo que ni tan solo yo hubiera imaginado, conseguí que mi cerebro se centrara únicamente en esa secuencia de números, para mí no existía nada más que eso, no habían distracciones externas y todas mis neuronas comenzaron a trabajar juntas y en una misma dirección, fue como si mi mente funcionara al triple de su capacidad.

Posted in Capítulo 2 | No Comments »

« Previous Entries