Decisiones
Hay veces en la vida en las que una persona debe tomar decisiones siguiendo la dirección que marca su instinto, por norma general nunca se sabe si la decisión fue acertada o no hasta que pasa mucho tiempo, el suficiente como para echar la vista atrás y evaluar las consecuencias de dicha decisión. En ese momento decidí que necesitaba compartir mi secreto con alguien y que la persona elegida sería el profesor. No ha pasado mucho tiempo desde aquel día, pero si el suficiente como para evaluar las consecuencias de mi decisión, tanto para mí como para él y sinceramente, pienso que no debí involucrar a una persona así en un asunto como este. Lo siento mucho profesor.
Después de varias horas de conversación mi mente, que parecía haberme dado un respiro, volvió a enroscarse sobre sí misma. No podía centrarme en las sabias palabras del profesar, tan solo podía sentir como el maletín que tenía entre las manos parecía temblar, era tal mi punto de abstracción que el profesor se dio cuenta y me pregunto:
-¿Qué pasa chico? ¿Qué es lo que te preocupa? Y no me digas que nada porque seré viejo pero no soy tonto, es más, me juego una botella de mi mejor licor a que eso que tanto te preocupa y que ha convertido nuestra agradable conversación en un monólogo absurdo por mi parte, tiene que ver con ese maletín que abrazas con tanta fuerza y que por cierto, no has soltado desde que entraste por la puerta.
Solo por la agradable conversación que me brindó le debía una explicación, así que me levanté de la silla y le conté todo lo que sabía, desde que empecé el proyecto hasta los documentos que robé del archivo. Me costó empezar a hablar pero una vez comencé, no había manera de parar, en lugar de hablar parecía que estuviera vomitando las palabras, era un gran desahogo para mi poder compartirlo con alguien, pero la ansiedad hacía que mis palabras se atropellaran unas a otras y me veía obligado a repetir la misma frase varias veces hasta poder pronunciar algo medianamente inteligible. Cuando por fin acabé con todo me senté de nuevo en mi sitio y deje escapar un tremendo suspiro, el cual arrancó un escandaloso e inesperado aplauso del profesor:
-Debo felicitarte amigo mío, realmente lo que me cuentas es muy interesante pero, la forma en la que lo has contado me indica que para ti ha sido algo más. Hay veces en las que ciertos asuntos te absorben tanto el tiempo que tu vida comienza a girar en torno a ellos ¿me equivoco?
-Se que no dice mucho a mi favor el hecho de haberme centrado tanto en esa maldita secuencia hasta el punto de haber perdido el contacto con la realidad pero, en ningún momento he intentado ocultar a nadie lo que soy, sé que estoy a punto de descubrir algo que nadie ha logrado descubrir antes y no pararé hasta conseguirlo, aunque también soy consciente que es probable que vuelva a perder el control de mis actos. Por eso mismo le he contado todo esto a usted, primero porque necesito sus conocimientos y segundo, porque sé que usted no dejará que abandone la realidad de nuevo. No le conozco apenas pero, la situación me obliga a confiar en usted ¿Puedo contar con usted?- El profesor permaneció callado durante unos segundos, que para mí fueron eternos, hasta que a la vez que me miraba fijamente contestó: -Amigo mío, desde que te vi tumbado en la puerta del museo estaba dispuesto a ayudarte, quizá sea porque me recuerdas mucho a mí época juvenil pero, definitivamente puedes contar conmigo.
Posted in Capítulo 2 | No Comments »
